Quiero compartir con Uds. una carta escrita por Gustavo Rodriguez de la empresa Toronja Medios, que me pareció muy interesante. Definitivamente Gustavo cerró, con esta carta, con broche de oro el evento del II Media Forum al cual asistí:
“Lima, 18 de Octubre de 2007
Hace mucho aprendí que la creatividad no es una definición bonita en un diccionario. En realidad, la Creatividad, es una actitud ante la vida. Tener una actitud creativa implica vivir muy seguro de uno mismo. Implica no tener miedo a ser señalado como un loco extraño. Implica no caer fácilmente en los prejuicios. Implica cuestionar aquello que la mayoría aprueba por unanimidad. Si me han invitado a hablar sobre Creatividad en este panel, admítame, por lo tanto, ser un aguafiestas de lo establecido. Permítame romper el status quo. Empecé mi carrera como publicista hace mas de 20 años, y ya desde el principio me encontré con una palabra que hasta ahora reina en nuestro oficio. Se la pronuncia en las agencias publicitarias, por lo menos, una vez al día. En su nombre se realizan festivales y premiaciones que, en su mayoría, hacen negocio con el ego de los participantes. Esta en el titulo de este bloque que ha congregado a las mentes prestigiosas que me acompañan. Quizás ustedes ya hayan intuido de cual se trata. Tal palabra es “Creatividad”. Y el peligro que vislumbro en ella se basa en que todo endiosamiento lleva a perder el enfoque. A pesar de que el bloque de este seminario se pregunta si “la creatividad vende”, permítanme hablar ahora de otra palabra. Es una palabra que, curiosamente, rima con “creatividad”. Y curiosamente, también lo hace con “humildad”.
Me refiero a la Sensibilidad: aquella propensión natural del ser humano a dejarse llevar por los afectos de compasión, humanidad y ternura. Sin sensibilidad precia, la creatividad del comunicador correo el riesgo de convertirse en un juego egoísta de artificios. Un ejercicio de vanidad personal. Una practica estéril con el fin de ver al creador en un podio de premiación e en la foto de una revista, y no necesariamente de lograr alguna mejora en su mercado o en la comunidad. Me han preguntado muchas veces, de manera ingenua, con que libros y en que seminarios se puede aprender Creatividad. Lo mismo puede decirse de la Sensibilidad. No se la absorbe de los libros: se aprende poniéndose en el lugar del otro. No se aprende tampoco al otro lado del vidrio en un focus group: se aprende ensuciándose los zapatos en aquellas barriadas donde jamás nos aparecemos. No se aprende leyendo las estadísticas alarmantes de abuso infantil: se aprende yendo a hablar con los abusados. Diversos neurocientíficos afirman que las personas mas creativas son, curiosamente, aquellas que son las mas seguras de si mismas. Yo me pregunto: ¿no son las personas mas seguras de si mismas las que se arriesgan a acercarse de verdad a las personas? ¿No son las personas mas seguras de si mismas aquellas que se arriesgan a querer y ser queridos por el mundo? A partir de esta hipótesis – la de la creatividad entendida como un agente humano del cambio – quiero que analicemos si basta el uso creativo de un bien certero para solucionar nuestros problemas de comunicación. Sabemos, por ejemplo, que gran parte de nuestra actual bonanza económica se debe a la reactivación de la minería en el país. Si tenemos una política minera inteligente en los próximos años quizá esto no sea un boom pasajero como ha ocurrido con otras actividades en el pasado, sino una plataforma para crear cadenas productivas y economías regionales sostenibles. Sin embargo, el grueso de los peruanos que viven en nuestras zonas mineras se niega a la realidad de que somos un país minero. ¿Un uso muy creativo de medios ATL y BTL será suficiente para convencerlos? Por supuesto que si. Siempre y cuando primero la creatividad haya estado supeditada a entender profundamente a esos pobladores. A ponerse en sus lugares, y no a intuir que están equivocados porque son unos cholos sin instrucción. A ser realmente empaticos y a generar alianzas con ellos. Quizá deba echar mano de una experiencia muy personal para que entendamos mejor la importancia de la Sensibilidad antes que de la Creatividad: durante años, y a cada cierto tiempo, mi esposa me había repetido una experiencia infeliz de su infancia. Yo siempre había escuchado aquel relato trágico ocurrido en su casa como quien escuchaba un cuento. Y siempre solía tener a la mano alguna forma “creativa” de consolarla: algún comentario bonito ya preparado, o alguna frase celebre llena de sabiduría y originalidad. Sin embargo, una noche, hace poco, ocurrió algo diferente. Quizá fuera porque nuestro dormitorio estaba en la penumbra aquella madrugada, y su relato transcurría en un ambiente parecido. O porque su voz sonaba mas vacilante que de costumbre. O porque yo estaba particularmente sensible a conectarme con ella. El hecho es que, llegado el momento cumbre de este relato tantas veces escuchado, algo me llevo a cerrar los ojos. Y pude “estar” con ella mientas revivía su relato. Por primera vez “sentí” como ella, y pude consolarla como era debido. Y, por primera vez, su gratitud no fue una mera formalidad: fue una respuesta genuina y duradera que afianzo nuestro vinculo. En resumen, no me la quise dar de “creativo”: tan solo me conecte con ella. No existe relación – personal o comercial – que sea genuina y duradera a menos que se base en un cariñoso respeto mutuo. El primer paso para lograr esto es ponerse en los zapatos del otro con ganas de comprender sus pesadillas y sus sueños. Hill Bernbach ha sido quizá el mas grande creativo publicitario que haya existido. Un tipo humano, sensible y despojado de vanidad, según cuentan quienes trabajaron con el. Cierta vez declaro en una entrevista que le preocupaban las cosas equivocadas que podrían hacerse en nombre de la Creatividad. Ahora lo entiendo. La creatividad, sin la sensibilidad genuina para entender a tu publico, en un ejercicio de masturbación: son fuegos artificiales que maquillan nuestras carencias personales. Jamás un polvo genuino con la gente, que procrea. Que procrea. Y que procrea. Con cariño, y agradecido por haberme acompañado en estas líneas,
Gustavo Rodríguez”